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TÉCNICAS DE MODIFICACIÓN DE CONDUCTA: CASTIGO POSITIVO Y CASTIGO NEGATIVO

El Castigo es el procedimiento por el cual tras una conducta aparece u ocurre una determinada estimulación o bien desparece, produciéndose una reducción en la frecuencia de aparición de esa conducta.

 

El Castigo como tal es un método, que aunque se viene aplicando desde los comienzos de la Humanidad, está desprestigiado pues se le ha vinculado a técnicas que implican dolor, el llamado castigo físico tan utilizado en épocas pasadas en el ámbito educativo.

 

Desde hace muchos años, y desde la perspectiva cognitivo-conductual, no está indicado el castigo físico como método de modificación de conductas, pues supone cuando menos un conflicto con los derechos humanos de la persona y por otra parte no ha resultado ser una técnica más eficaz que otras en la modificación de conducta.

 

Los castigos físicos han sido sustituidos por lo que podríamos llamar consecuencias desagradables para la persona tras la conducta que se quiere reducir.

 

Se puede hablar de dos tipos de castigo; castigo positivo y castigo negativo que no tienen relación con la buena o mala aplicación de la técnica sino con las características de cada uno de estos procedimientos.

 

Castigo positivo

 

Se producirá una disminución en la probabilidad de una determinada conducta como efecto de aplicar una estimulación desagradable tras la aparición de la conducta que se pretende reducir. Por ejemplo, ante una determinada conducta de un usuario que molesta a otros en un centro de personas mayores, la llamada de atención y reprensión verbal de uno de los profesionales sería la aplicación de un castigo positivo, ya que a la inadecuada conducta del usuario le ha seguido una estimulación desagradable (llamada de atención y reprensión verbal del profesional) cuyo objetivo es que esa conducta en un futuro tenga una menor probabilidad de repetirse.

 

Castigo negativo

 

Es un procedimiento consistente en la retirada de un reforzador (estímulo agradable o apetecible para la persona) y cuyo efecto será la debilitación de la conducta. Su aplicación debe ajustarse a las siguientes normas:

 

• El interesado debe estar previamente advertido de las posibles consecuencias que se derivarán de su conducta. Por ejemplo: “Si usted vuelve a comportarse igual no podrá ver el programa de TV que tanto le gusta”

• Si la conducta a reducir aparece se retirará de inmediato el reforzador o reforzadores sin discusiones ni reproches.

• Previamente habrá que comprobar que los estímulos que se van a retirar son realmente valiosos para esa persona.

 

En definitiva, tanto el castigo positivo como el negativo persiguen el mismo objetivo, reducir o eliminar una determinada conducta. La aplicación de estas técnicas irá precedida de un amplio estudio de la conducta de la persona y de todas las circunstancias que la rodean y será llevado a cabo preferentemente por un profesional de la psicología.

 

El profesional sociosanitario debe conocer estas técnicas, el por qué, para qué y el cómo y siempre que os encontréis en un centro o servicio en el que se ponga en marcha un programa que incluya algún tipo de castigo debéis ajustaros a las directrices que se os marquen desde los profesionales responsables del diseño del procedimiento.

 

 

José Cruz Márquez

Psicólogo Sanitario

 

Nota: insertamos un vídeo sobre el castigo, que ilustra lo tratado en el artículo.

 

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